Hay secuelas más y menos obvias de la violencia de género. Están las visibles: las marcas de las piñas, de las balas, de las puñaladas, del fuego. Y están las secuelas psicológicas, que no se ven tan fácilmente pero tienen un impacto emocional arrasador en las víctimas. Esa es la premisa que guió a quienes se ocuparon del caso de las trillizas de San Justo. Determinaron que la mamá no las había abandonado sino que estaba siendo víctima "de todas las formas de violencia". Y que la solución, entonces, no era terminar de arrancarle a sus hijas.

La historia de Kiara, Ángeles y Milagros, las trillizas prematuras que estaban al cuidado de neonatólogos y enfermeras en el Policlínico de San Justo, se conoció hace una semana. Lo primero que se dijo era que M., su mamá, las había dejado y que el supuesto padre quería hacerse cargo de ellas. "Pero no era cierto, de ninguna manera. Ella jamás dijo que no quería hacerse cargo de sus hijas", dijo a Infobae Irene Blanco, directora de Políticas de Género del municipio de Hurlingham.

Lo que cuenta es que la mujer fue "históricamente víctima de todas las formas de violencia de género por parte de su pareja: física, verbal, psicológica, económica. Todas. Eso va deteriorando la vida y provoca un daño psíquico enorme. Si es difícil para una mujer el impacto que provoca la llegada de un hijo, imaginémonos el que provoca la llegada de tres en una mujer que es víctima y que vive en condiciones muy precarias".

Lo que hicieron el viernes, entonces, fue trasladar a las niñas y a su mamá a un Hogar de Protección integral para que puedan vincularse de una manera segura. "Allí están viviendo las cuatro. La mamá las está cuidando perfectamente y las otras mujeres víctimas de violencia que hay en el Hogar están enamoradas de las nenas, la ayudan mucho", suma Héctor Rouillet, secretario de Políticas de Abordaje del municipio y flamante padrino de una de las nenas.

El primer objetivo fue que estuvieran seguras y juntas. También que la mamá tuviera apoyo psicológico para "empoderarse" y atención del equipo de Salud Mental para recuperarse de su problema de adicciones. Por supuesto, no podrán vivir en el Hogar por siempre. Por eso, las autoridades ya fueron a ver en qué estado estaba su casa: "Está en malas condiciones. No hay calefacción, no tiene revoque, los pisos son de cemento. Una parte de la casa se había incendiado", describe Rouillet.

"Lo que vamos a hacer es una especie de reconstrucción para dejarla en condiciones para el momento en que la Justicia determine que pueden volver. En la casa, además, vive la mayor de los otros tres hijos de M., que también tiene un bebé de pocos días", cierra el padrino de una de las trillizas. Las otras dos bebas también tendrán madrinas: la directora de Género del municipio y la directora de Niñez que ayudaron a la madre en todo el proceso son las elegidas.