Los detalles de este proyecto son pocos hasta ahora, pero la simple noticia de la iniciativa golpeó de forma inmediata a las acciones de algunas de las empresas tabacaleras más grandes a nivel mundial, quienes habían estado bastante bien desde que Donald Trump se convirtió en presidente.

Además de reducir la cantidad de nicotina, el plan de la FDA consiste en impulsar "innovaciones" —como los cigarros electrónicos— que podrían ayudar a los fumadores a dejar los cigarros clásicos.

"Ya que la nicotina está en el centro tanto del problema como de la solución en la adicción, regular los niveles de la sustancia en los cigarros combustibles tiene que ser parte de a estrategia de la FDA para combatir la devastadora crisis que amenaza a las familias estadounidenses", escribió en un comunicado el comisionado de la FDA, Scott Gottlie.

A pesar de que el consumo de tabaco ha disminuido en Estados Unidos durante los últimos años —especialmente entre los jóvenes adultos de entre 18 y 29 años— un reporte elaborado en 2014 aseguraba que las enfermedades relacionadas con el hábito de fumar le ha costado al país 300.000 millones de dólares anualmente.

Además, estos costos no son divididos de forma equitativa: investigaciones recientes indican que mientras los índices de tabaquismo se redujeron en un 83 por ciento entre la población que fue a la universidad, los de la gente que no terminó el nivel medio superior solamente bajaron un 52 por ciento.

Muy probablemente las compañías tabacaleras no permitirán que la FDA continúe con sus planes sin dar lucha. La industria del tabaco donó 1,5 millones de dólares para la ceremonia de investidura de Donald Trump, mientras que otros 4,7 millones de dólares han sido gastados en licitaciones durante los primeros meses del 2017.